Libros hechos com tapas de kartón comprado en las calles de Asunción a 1000 guaraníes el kilo y pintadas a mano por el Domador de Yakarés y kolaboradores Eligio Ayala,889 <> Asunción <> Paraguay <> Fono: 0983 511 805 Pedidos:douglasdiegues@gmail.com

miércoles, 9 de julio de 2008

SÁNDALO PYTÃ, de Carla Fabri


CARLA FABRI DESDE LA CULTURA GALÁCTIKA

Carla Fabri se define a sí misma como alma multiprocesadora galáctica.

Dice que escucha el sonido de las palabras conocidas y otras nuevas cuando en silencio las piensa, mientras sueña con los ojos del corazón abiertos.

Sus padres le dijeron que nació en Asunción, Paraguay, bajo la cúpula de un amplio cielo, una veraniega medianoche alumbrada por la luna entonada de Noviembre, en el año del Mago Resonante blanco guiado por el Enlazador de Mundos, durante la Onda Encantada de la Serpiente Roja, según lo consigna el Tozlkin, calendario sagrado de los Mayas.


Las plantas de su patio le otorgaron el Premio Clorofila de Honor Verde, por haber espantado a las hormigas rojas que tenían intenciones de fagocitar todo el follaje. Hizo un pacto de no agresión con las abejas que fabrican miel en los aleros de su casa, con la única condición de que dejaran de invadir las habitaciones interiores de su hogar. Este pacto es parte de la sintropía y es respetado en amor incondicional.

Hace 20 años solares que escribe una columna dominical para la Revista del Diario ABC Color: La Canasta Mecánica (anuncia que pronto se transmutará en La Canasta Galáctica)

Todos los jueves del Calendario Gregoriano, después que el sol se pone y aparece la luna, conduce un programa dedicado a La Nueva Música planetaria que se emite por la FM Concert, 107.7, desde hace 17 años solares. Actualmente disfruta de una merecida década sabática. Cero estrés, dispone de tiempo propio, vive en medio de milagros, disfruta del buen cine, espera la resurrección del teatro y cree en la honestidad universal. Amén.


No huyas
Es inútil
Bebistede la fuente
Nada será
lo mismo

Sin miedos
Es ahora
Toma la fruta
Conquista
el fuego

Camina
hacia el misterio
Descubre
el placer
de ser vencido

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Não fujas
É inútil
Bebeste

da fonte
Nada
será igual

Sem medo
É agora
Cata a fruta
Conquista
o fogo

Mergulha
no desconhecido
Descubra
o prazer
de ser vencido

SÁNDALO PYTÃ
Autora: Carla Fabri <> Gênero: poemário galáktico <> 16 Páginas; 1a. Edición; Asunción; 2008. <> Precio: 8 Euros (Europa) / 10 Dólares (Yankeelândia) / 10 Reais (Brasil) Via Correio: 16 reais/ 20.000 Guaraníes (Paraguay) 5 Pesos (Argentina) <> Tirajen: 100 ejemplares <> Tapa: Hecha de cartón comprado a 1000 guaraníes el kilo, pintadas a mano por el Domador de Yakarés y colaboradores. <> Apoyo Cumbiantero: Eloisa Cartonera, Buenos Aires [http://www.eloisacartonera.com.ar/]



EL GOTO (POCKET), de José Eduardo Alcázar


GOTO - Substantivo. Obediente de carrera. Empleado en empresa economía global. Todo aquel que cumple ordenes, de forma inmedia­ta y sin discutir. Se dice también, y en forma muy peyorativa, de todo aquel que obedece ordenes sin cuestionar o sin cuestionarse. Del arcaico: goto, contracción de GO TO. Comando utilizado en los primeros ordenadores, en el siglo veinte.

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Día cero.

Que no me entiendan mal: El trabajo lo acepte por los créditos en oro metálico global implícitos, nada más. Mi larga amistad con el Presidente, mi larga sociedad con el Presidente, me califican plenamente para este tipo de trabajo, es verdad, pero no lo haría si no hubiese un colateral que, en el caso, viene acompañado por un contrato bastante específico y también analítico. Mi propio defensor legal lo leyó, releyó, lo pensó y lo aprobó. En él están definidas mis obligaciones y todos mis derechos, en otras pala­bras, mis dius. Estoy en esto por los créditos, o como se decía en la antigüedad, por la plata. También estoy en esto porque me prometieron, me insinuaron, me dijeron, bueno nada concreto, me adulzaron la vida futura con la posibilidad posible de acceder al Señorío de Madureira. El título de Señor de Madureira no es poca coisa y lo sabría llevar muito ben. Hago la aclaración para que no se me tenga en la cuenta de un charlatán de caminos obrando por mera amistad, celos, calentura o cualquier otro impulso de vientre. Sou un profesional, a mí me pagan. Mi tarea es sencilla - así creo o así me hacen creer los que me pagan para justificar lo que me pagan: traer de vuelta, viva o muerta, herida o de cualquier manera, a la hembra huida de Anastasio Mitre. Tengo siete días para cumplir la misión. Siete días a contar del momen­to que llegue al primer distrito de investigación. Por qué siete días? Ni idea, debe ser por cábala, Mitre es cabulero como lo era Pitágoras. Qué ocurre si no cumplo la misión en siete días? Me mandan a visitarlo a Pitágoras, esté él en donde esté.
No la conozco a esta mujer fuchona, salvo que por oír decir y por sus archivos binarios, por sus vastos archivos digitales, guarda­dos en la memoria infinita del Estado y que ahora son colocados, en parte, en una buena parte, a mi disposición para que la llegue a ella y la entienda. Tengo dudas particulares sobre este punto: se podrá entender a alguien por sus archivos? Digo entender totalmente, no puntuar, como hace el Estado. Una dudita empilcha­da no más. No somos de la misma casta, Carmen y yo, y nunca frecuentamos las mismas ruedas. Si soy amigo de Mitre, socio en algunas cositas, lo soy por el lado nocturno del Presidente, no por juntarme con sus cumpinches y amantes. Nunca tuve el gusto, el placer, el cosquilleo atorrante, de verla en persona, a la hembra, o de sentirla a mano. Nunca nos cruzamos. Parece que la relación que existía entre el Presidente y la mujer, terminó de forma ríspida y acribilladora: ella era la favorita, la suíti número uno y como tal, persona de gran presti­gio y poder. Hacia y deshacía, indicaba, decretaba y su mansión era frecuentada por secretarios, ministros, oficiales, eclesiás­ticos, hombres y mujeres de algún bíznes, picaretas, pedigüe­nios, tetamilones, todos enfin, que tuviesen algún deseo o preten­sión a cualquier cargo, función o bien del Estado y que necesita­sen de algún jeito realizante. Ella era capaz de conseguir lo que podía parecer imposible a un forastero, de eso yo mismo fui testigo, en más de una oportunidad. Era mujer de inspirar un decreto ejecutivo, y tenia fuerza para deshacer una orden emana­da, firmada y sellada; lograba dar vuelta a un parecer categóri­camente contrario, nombraba a un atorrante para una embajada, a un recomendado para hacer gerencias, a un facínora para aclarar justicia. Deleteaba a los que le causaban estorbo, encarcelaba en mazmorras humillantes a los que quería hacer sufrir con más intensidad. No le fervía la sangre por ninguna aberración. Ejer­cía un poder soberano y esto le daba placer. Claro que además del placer puro por el ejercicio compulsivo del poder, había toda la vaina de créditos que ella se adjudicaba. La cosa funcionaba así: Se le llegaba con la cuestión, ella daba el jeito pertinente y, enseguida, sin demoras, salía la factura del guaformí. Y que facturas insaciables!: era ella un padrino de costo alto, o una socia imprescindible, para comenzar un bigdil - ella decidía cuando seria socia o padrino -. Un mast para iniciar, a veces, un garrote vil para la secuencia, casi siempre. Conozco a más de uno que se arrepintió de haberle pedido auxilio un día, a más de uno conozco. Más de uno terminó esclavo suyo, enredado y prisio­nero en el mismo proyecto y negocio que había tramado para faci­litarse la vida. Todos ellos caían en la anecdótica trampa del Rey, con el miserere esmolante: "Si queréis, majestad, podéis". Los que piden como siervos no se dan cuenta que un rey, de esta forma acordado, se vuelve el gran tirano que nunca entiende disculparse por tal.
Más: El Presidente, un sometido de entrepiernas, lo consentía todo, la atendía en los pleitos y lo que ella pedía era siempre ley mayor en toda la República. Años duró este estado de cosas. Había calles, monumentos, plazas, escuelas, parques, alabados con su nombre. Su rostro, bellísimo por cierto, figuraba en todos los cuadrantes de la urbe y uno la veía por donde mirara. Las expresiones con las cuales se la calificaba, eran sin límites, en número y en audacia de descrip­ción. Se utilizaban todos los adjetivos excelsos de los dicciona­rios, todos los compuestos y todas las combinaciones y cuando se hubieran gastado, todos ellos, por el reitero cotidiano, algún lambecúlo inventó el primero de una serie de adjetívos-substantí­vos sintéticos de apariencia, con valor onomatopaico-afectivo y sin sentido alguno. Se decía que ella era la "curru carra del currurru", la "jonda jondisísima", la "puputi del pakulu", la "cululu exaltada", y se organizaban concursos, en escuelas y ministerios, para "llegar a la palabra más perfecta para designar a lo indesignable". Al feliz ganador de uno de estos concursos mensuales, se lo brindaba con el reconocimiento por la invención y la Presidencia mandaba publicar, en el Diario Oficial, que " el orgullo nacional, ciudadano fulano de tal, había logrado expre­sar la magna inspiración de todo un pueblo al invitar, del fondo del (...).


EL GOTO
Autor: José Eduardo Alcázar <> Gênero: novela en espanguês <> 44 Páginas; 1a. Edición; Asunción; 2008. <> Precio: 8 Euros (Europa) / 10 Dólares (Yankeelândia) / 10 Reais (Brasil) Via Correio: 16 reais/ 20.000 Guaraníes (Paraguay) 5 Pesos (Argentina) <> Tirajen: 100 ejemplares <> Tapa: Hecha de cartón comprado a 1000 guaraníes el kilo, pintadas a mano por el Domador de Yakarés y colaboradores. <> Apoyo Cumbiantero: Eloisa Cartonera, Buenos Aires [http://www.eloisacartonera.com.ar/]